El ojo se mantiene húmedo gracias a las lágrimas, que se producen de manera continua para lubricar la superficie ocular, protegerla de infecciones y garantizar una visión clara. Cuando hay una disminución en la producción de lágrimas, se genera resequedad ocular, lo que puede estar asociado a:
- Enfermedades autoinmunes, como el síndrome de Sjögren.
- Efectos secundarios de ciertos medicamentos (antihistamínicos, antidepresivos, anticonceptivos).
- Cambios hormonales, especialmente en mujeres después de la menopausia.
- Factores ambientales, como la exposición prolongada a pantallas, aire acondicionado y contaminación.
